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Adaptación teatral

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El Túnel por Ernesto Sábato Adaptación teatral por NOMBRE DEL ESTUDIANTE

Personajes principales

  • ● Juan Pablo Castel ● María Iribarne

Personajes secundarios

  • ● Allende ● Hunter ● Mimí ● Lartigue ● Heladero ● Mucama ● Crítico 1 ● Crítico 2 ● Crítico 3 ● Crítico 4 ● Prostituta

Argumento

Juan Pablo Castel es un celebrado y reconocido artista (pintor) de su región. Siendo una persona que se ha sentido sola toda su vida y que es muy emocional, queda prendido, durante una de sus exhibiciones, de María Iribarne, una mujer misteriosa de la que no sabe nada y que fue la única persona en el mundo (aparte del mismo Castel) que logro captar uno de los mensajes que incluyo a través de sutiles detalles en su pintura más reciente. Con esto, Castel siente una conexión muy fuerte hacia María y se obsesiona con ella, pensando que es la única persona que lo ha podido comprender realmente.

Cuando se entera que está casada con un ciego iluso llamado Allende y que, aparentemente, también sostiene varias relaciones extramaritales (incluyendo a Hunter, el primo de Allende) se da cuenta de que María es una mujerzuela promiscua y se atormenta a sí mismo hasta que la asesina. Después de confesarle a Allende lo sucedido, este revela haber estado siempre consciente de las infidelidades de su esposa, se suicida y Castel se entrega a las autoridades.

Primer acto

Primera escena

(Escenografía: un museo, diversas pinturas expuestas, obras de arte como vasijas, cuadros) (Se abre el telón y aparecen 2 críticos hablando de las obras de Van Gogh y El Greco. Se puede ver a María a lo lejos, observando diversos cuadros, como en otro museo, museo al cual se dirigirá el crítico 2)

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Critico 1: Van Gogh obtiene y logra a través de sus medios disponibles, plasmar sus objetivos, como forma de arte, trabajando un estilo que lo hace de manera personal, aplicando los colores, y realizando los bocetos. Utiliza la pintura artística como un medio de expresión, y no como un trabajo artístico común, algo inusual en un pintor de cualquier época. 'Es capaz de sumergirse con los paisajes tanto en los abismos como en las cimas'.

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Critico2: En cuanto a mi postura, El Greco me parece un excelente pintor. Su visión personal se asentaba en su profunda espiritualidad, de hecho, sus lienzos evidencian una atmósfera mística. El Greco gozó de una excelente posición en Toledo, donde recibió a miembros de la nobleza y de la elite intelectual, como los poetas Luis de Góngora y Fray Hortensio Félix de Paravicino, cuyos retratos pintó.

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Crítico 3: Pero colegas míos, no dejemos de lado a Fernando Botero. Si fuera necesario escoger un adjetivo para calificar la obra de Fernando Botero, tal vez la mejor elección sería: inconfundible. Sus figuras, sus volúmenes, sus trabajos, no se parecen a los de ningún otro pintor. Su estilo es único. Su obra funciona como un logotipo. Es, sencillamente, reconocible. Además, Botero no pinta gordas. “Y a él no le gusta que alguien diga que son gordas”. Lo que hay en Fernando Botero es un uso exagerado del volumen. Sus figuras no tienen las características de un cuerpo gordo, como la flacidez de la carne. Sus formas son, digamos, esferas, cuerpos inflados, como un globo lleno de aire.

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Crítico 4: Pero bueno, ¿Qué me dicen ustedes de Alejandro Obregón? Obregón perseveró en su arte hasta el fin, pero cayó en los últimos años de su vida en la vana repetición del mismo cuadro que fue perdiendo vitalidad, energía y colores y se fue convirtiendo en un fantasma más de los muchos que poblaban su casa en Cartagena. Veinte años después de su partida, ya casi nadie habla sobre su obra inextinguible: le tenemos alergia al pensamiento de cualquier tipo, pensar al más significativo de los pintores que ha dado este país nos da pereza. La cuentería pícara no reemplaza a la crítica, que es absolutamente necesaria para que el arte cumpla su acción comunicativa.

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Critico 1: Eso es cierto. Ahora bien, colegas, deben ustedes recordar que Van Gogh deforma la realidad, y retuerce las figuras, llevándolas a su propia realidad, desde sus bodegones: los cántaros, los envases, las flores; la gente: hombres, mujeres y niños; hasta sus paisajes, las plantas, los árboles, los campos y las montañas; dándole un valor puramente real desde el punto de vista pictórico.

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Critico 2: Bueno, bueno colegas, la verdad quisiera poder seguir hablando de cuadros con ustedes, pero la verdad es que me invitaron al Museo Central, un tal Juan Pablo Castel expondrá sus obras. Que este bien. (Los críticos se van y a lo lejos se sigue viendo a María observando cuadros)

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Conciencia: En el salón de primavera me encontraba yo a la expectativa del juicio de mi cuadro “Maternidad”. Aunque igual nada de esto me interesaba.

(Pasa un instante, y llega a la galería una muchacha quien se compenetra radicalmente con la imagen del cuadro, mientras tanto Juan Pablo mira detenidamente a la muchacha.)

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Conciencia: Pude ver que fue la única persona que se conectó abismalmente con mi deseo expresado en la pintura, la observe todo el tiempo con ansia vacilando indeciso, angustioso por llamarla en el vaivén de la multitud. Al perderla de vista me sentí impotente, irritado, infeliz al no saber si la volvería a ver. La lectura de la conciencia ddbe ser pausada, con calma y reflexiva. (Juan Pablo se pone de pie de entre el público y luego se para al frente)

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Juan Pablo Castel: Se fue. Me siento tan afligido e impotente, no puedo dejar de pensar en esa mujer que miraba mi lienzo tan fijamente, como si en él hubiera hallado la respuesta a alguna pregunta que la había atormentado por años.

[Cierre de telón]

Segunda escena

(Están en el Parque Nacional, de lejos se ven edificios, donde se observa La Torre Colpatria frente a la cual empieza el primer momento de la escena.)

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Conciencia: De repente apareció aquella mujer que por tantos meses se me metió en el pensamiento. (Juan Pablo va detrás de la joven que por días estuvo fijada en parte de su lienzo y la aborda con una pregunta que considera estúpida)

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Juan Pablo Castel: ¿Ese es el edificio de Colpatria?

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María Iribarne: (María voltea con una extensa sonrisa y responde afirmativamente) Sí, aquí es. (María reconoce al pintor e inmediatamente se sonroja y apena)

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Juan Pablo Castel: (Pregunta bruscamente) ¿Por qué se sonroja?

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María Iribarne: (Se pone nerviosa)

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Juan Pablo Castel: (Agrega atropelladamente) Usted se sonroja y se pone nerviosa porque me ha reconocido. Usted cree que esto es una casualidad, pero no es una casualidad, las casualidades no existen. He pensado en usted varios meses. Hoy la encontré por la calle y la seguí. Tengo algo importante que preguntarle, algo referente a la ventanita, ¿Comprende?

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María Iribarne: ¿La ventanita? ¿Qué ventanita? (Balbuceando)

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Juan Pablo Castel: Veo que me he equivocado. Buenas tardes (Juan pablo da la vuelta y se va, pero María lo alcanza)

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strong> María Iribarne: ¡Señor, señor!, perdóneme señor… Perdone mi estupidez… Estaba tan asustada…- No advertí que usted preguntaba por la escena del cuadro (lo dice temblorosa)

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strong>Juan Pablo Castel: (Agarrando a María del brazo) ¿Entonces la recuerda?

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María Iribarne: La recuerdo constantemente (Juan Pablo agarra del brazo a María y la lleva caminando. Se sientan en una banca aislada, hay más personas en la plaza y a lo lejos un árbol)

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strong>Juan Pablo Castel: ¿Por qué me evade?

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María Iribarne: (María observa a Juan Pablo con una mirada fría y penetrante) No sé (María quiere huir pero Juan Pablo no se lo permite)

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Juan Pablo Castel: (casi desesperado y con actitud agresiva) Prométame que no intentara irse nunca más, la necesito. La necesito mucho

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María Iribarne: (Mira perdidamente hacia un árbol lejano)

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Juan Pablo Castel: Necesito mucho de usted. (María sigue en silencio) ¿Por qué no habla?

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María Iribarne: Yo no soy nadie. Usted es un gran artista. No veo para que me puede necesitar.

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Juan Pablo Castel: (La grita brutalmente) ¡Le digo que la necesito! ¿Me entiende?

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María Iribarne: ¿Para qué? (Responde mirando siempre a un árbol)

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Juan Pablo Castel: (Por fin la suelta del brazo y queda pensativo un momento) No sé, todavía no lo sé.

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Conciencia: Mi cabeza es un laberinto oscuro. A veces hay como relámpagos que iluminan algunos corredores. Nunca termino de saber porque hago ciertas cosas (Aparece un vendedor de helados a lo lejos, quien empieza a gritar y a su vez a dirigirse hacia los personajes)

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Vendedor: Helados, ricos y deliciosos helados. Lleve los heladitos. Tengo heladitos de Ron con pasas, fresa, piña, coco, mora, chicle, feijoa…

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strong>Juan Pablo Castel: Hermano cállese ¿sí?, estoy tratando de sacarle palabras a la dama y usted hay de metido.

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María Iribarne: Cálmese por favor.

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Juan Pablo Castel: ¿Ahora si me presta atención? (El vendedor se dirige al público para salir de escena, nuevamente repitiendo su “promoción de helados) (Un momento de silencio y nuevamente Juan Pablo habla)

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Juan Pablo Castel: (Dice gritando) ¡No es que no sepa razonar!, al contrario razono siempre. Siento que usted será algo esencial para lo que tengo que hacer, aunque todavía no me doy cuenta de la razón. Por lo pronto sé que es algo vinculado a la escena de la ventana: usted ha sido la única persona que le ha dado importancia.

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María Iribarne: Yo no soy crítico de arte (Murmura)

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Juan Pablo Castel: (Dice gritando) No me hable de esos cretinos. Yo detesto los grupos de apoyo, las sectas, los gremios y en general esos montones de alimañas que se encuentran de vez en vez por cuestiones “profesionales”. Me recuerda una vez que estaba de viaje en Argentina, y el Dr. Prato me invito a un cóctel de la Sociedad Psicoanalítica (lo dice en tono sarcástico), que porque ellos si estaban reconocidos como la única sociedad de psicoanálisis en Argentina. Pffffff, como si eso me importara mucho. Pero bueno, ¿En qué íbamos?

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María Iribarne: Usted se queja, pero los críticos siempre lo han elogiado.

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Juan Pablo Castel: (Indignado dice) ¡Peor para mí! Solo una persona le ha dado importancia al cuadro de la ventanita: usted

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María Iribarne: ¿Y no podría ser que yo tuviera la misma opinión de los críticos?

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Juan Pablo Castel: Usted piensa como yo.

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María Iribarne: ¿Y qué es lo que piensa usted?

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Conciencia: No sé, tampoco podría responder a esa pregunta. Podría decirle que usted siente como yo.

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Juan Pablo Castel: Usted miraba aquella escena como la habría podido mirar yo en su lugar. No sé qué piensa y tampoco sé lo que pienso yo, pero sé que piensa como yo. (Ambos guardan silencio unos segundos). Esa escena de la playa me da miedo. Aunque sé que es algo más profundo.

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María Iribarne: ¿Un mensaje de desesperanza, quizá?

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Juan Pablo Castel: Sí, me parece que un mensaje de desesperanza. ¿Ve cómo usted sentía como yo?

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María Iribarne: ¿Y le parece elogiable un mensaje de desesperanza?

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Juan Pablo Castel: (La observa con sorpresa) No, me parece que no. ¿Y usted qué piensa?

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María Iribarne: Lo que importa es la verdad.

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Juan Pablo Castel: ¿Y usted piensa que esa escena es verdadera?

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María Iribarne: Claro que es verdadera. (Después de unos segundos de silencio María murmura) No sé qué ganará con verme, hago mal a todos los que se me acercan. ¡Debo irme!

Juan Pablo Castel: Espere, (pausadamente) ¿Tiene Facebook, WhatsApp? ¿No? Está bien, nos veremos pronto.

[Cierre de telón]

Tercera escena

(Dos divisiones en el telón. En la primera, el taller, hay una mesa donde se halla el teléfono y de la otra mitad la habitación donde está hablando María. Hay una división que permite entender que son espacios diferentes.) (Juan Pablo llama a casa de María)

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Juan Pablo Castel: ¡Aló!

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Mucama: (Es campesinita, toma del pelo a Juan Pablo) Sumerce… acá con yo allá ¿Con quien? Hable duro sumerce que la novela no me deja escucharlo.

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Juan Pablo Castel: ¿Por favor la señorita María?

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Mucama: (Cantando en la bocina) Ah, espere tantito miro si la patrona se encuentra en la casa. (María pasa al teléfono y la mucama continua con su canción)

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Juan Pablo Castel: Necesito verla, María. Desde que nos separamos he pensado constantemente en usted cada segundo. (María no responde) ¿Por qué no contesta?

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María Iribarne: Espere un momento. (María suelta el teléfono un momento para poder estar a solas) No podía hablar, Dolores estaba cantando.

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Juan Pablo Castel: Como sea. Necesito verla, María. (Lo dice con violencia) No he hecho otra cosa que pensar en usted desde el mediodía. (Nuevamente María no responde) ¿Por qué no responde?

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María Iribarne: Castel… (Responde con indecisión)

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Juan Pablo Castel: ¿Qué pasa? ¿Por qué no habla?

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María Iribarne: Yo también no he hecho más que pensar… En lo extraño que es todo esto… lo de su cuadro… el encuentro de ayer… lo de hoy… ¿Qué se yo?... la imprecisión siempre me ha irritado.

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Juan Pablo Castel: Sí, pero yo le he dicho que no he dejado de pensar en usted, usted no me ha dicho si ha pensado en mí.

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strong>María Iribarne: Le digo que he pensado en todo, es que todo es tan extraño, estoy tan perturbada… Claro que pensé en usted. ¡Tengo que cortar!

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Juan Pablo Castel: La llamaré pronto.

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María Iribarne: Bueno

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Conciencia: (Más tarde en ese mismo día) No aguanto la necesidad hablar con María, creo que la llamare nuevamente, ojala no me responda esa mucama)

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Juan Pablo Castel: ¡Aló! Por favor María

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Mucama: ¿De parte de quien?

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Juan Pablo Castel: (enojado) Páseme a María ¿sí?

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Mucama: La patrona salió muy temprano para el campo, pero dejo una nota para sumerce. Ole so hediondo ¿y si viene por ella hasta la casa es mucho para vuste? Yo creo que no, porque pa´ llamar por telejono si saca tempo.

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Juan Pablo Castel: (Enojado) Dígame pues la dirección.

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Mucama: Shhh, pero no me grite, que tal este mugre… La dirección es Calle 127 con 15 (Castel, se coloca una chaqueta para salir por la carta que le dejó María)

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Conciencia: Ahora que reflexiono acerca de las extrañas conversaciones con María, empiezo a creer que es una mujer misteriosa con muchas sombras a su alrededor. (Juan Pablo llega a casa de María toca el timbre y la mucama abre la puerta y lo invita a pasar a una sala llena de libros, donde se encuentra Allende el marido de María quien es ciego)

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Mucama: (Con un trapero en la mano) Pase sumerce, con confianza, sin vergüenza. El doctor Allende lo está esperando en la sala. Pero apúrese que estoy haciendo aseo. (Todo se desarrolla en la otra mitad del escenario, donde está la casa de María)

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Allende: ¿Usted es Castel? (Extiende la mano para saludar a Juan Pablo)

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Juan Pablo Castel: Sí, señor Iribarne (Juan Pablo extiende la mano y saluda a Allende)

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Allende: No me llamo Iribarne, soy Allende marido de María, ella siempre utiliza su apellido de soltera. María me ha hablado acerca de su pintura, como quede ciego hace poco puedo imaginar bien las cosas. (Juan Pablo permanece perplejo ante la situación). Acá está la carta.

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Juan Pablo Castel: (Abre la carta y la lee en el pensamiento)

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Allende: María es una mujer hermosa pero muy impulsiva. Por ejemplo está mañana se levantó y me dijo: iré a la estancia. Así es ella… (Lo dice con ternura)

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Juan Pablo Castel: ¿A la estancia? (Susurrando) ¿Será el barrio?

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Allende: Sí, nuestra estancia, una pequeña finca en Melgar, la cual está siendo administrada por mi primo Hunter.

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Juan Pablo Castel: (Se enoja pero trata de disimularlo) Tengo que irme. (Allende y Juan Pablo se despiden en la puerta.)

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Conciencia: Me siento muy confundido, ¿Hacer entregarme una carta del marido? Cuando yo ni siquiera sabía que era casada y ¿Por qué no me lo había dicho antes?, y ¿Por qué se fue a la estancia con Hunter?, ¿Tenía una relación amorosa con él?, y ese ciego, ¿Qué clase de bicho era? Ahora, debo mencionar que detesto la humanidad, y los ciegos no me agradan mucho, al verlos siento una sensación semejante a la que me producen ciertos animales. ¿María acaso está jugando conmigo? (Nuevamente en el taller de Juan Pablo, es decir, en la otra mitad del escenario)

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Conciencia: He pasado varios días sin saber nada acerca de María, he decidido enviarle una carta a la estancia. Debo saber cuándo vuelve, que tanto tiempo se quedara por allá. Es más le pediré que me escriba apenas llegue a Bogotá.

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Juan Pablo: (Sorprendido, pues llego una carta de respuesta de parte de María) (Juan Pablo lee la carta en voz alta, en el medio interviene María, haciendo lectura de la misma.)

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Juan Pablo: He pasado tres días extraños: el mar, la playa, los caminos me fueron trayendo recuerdos de otros tiempos. No sólo imágenes: también voces, gritos y largos silencios de otros días. Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos: ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos. Que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza. Tu figura se interpone: estás entre el mar y yo. Mis ojos encuentran tus ojos. Estás quieto y un poco desconsolado, me miras como pidiendo ayuda. (María llama a Juan Pablo desde su casa, es decir, la otra mitad de la escenografía)

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María Iribarne: Aló, Juan Pablo ya me encuentro en Bogotá.

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Juan Pablo Castel: La quiero ver en seguida.

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María Iribarne: Te espero en la Plaza San Martín, a las 8:00.

[Cierre de telón] Segundo acto Cuarta escena

(Nuevamente, Parque Nacional, la banca alejada y el árbol de fondo; Castel está sentado en la banca de la plaza, esperando a María.)

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Conciencia: Estoy ansioso por ver su rostro, ¡que feliz me siento! Amo desesperadamente a María, qué magia tan extraña tiene este sentimiento sobre la humanidad, nos enceguece y transforma.

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Juan Pablo Castel: (Juan Pablo repite constante el nombre de María) María, María, María, María, María, María. (Llega María y Juan Pablo pregunta con violencia) ¿Por qué te fuiste a la estancia? ¿Por qué me dejaste solo? ¿Por qué me dejaste esa carta en tu casa?

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María Iribarne: No todo debe tener una respuesta Juan Pablo, quiero saber de ti, de lo que estás pintando ahora. (Lo dice dulcemente)

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Juan Pablo Castel: No, no deseo hablar de mí. Quiero saber si me quieres ¿entiendes? Amor verdadero

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María Iribarne: Juan Pablo es mejor que me vaya.

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Juan Pablo Castel: ¿Cómo que te vas? ¿Por qué? (Juan Pablo sacude fuertemente con ambos brazos a María)

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María Iribarne: Temo que tampoco tú me entiendes.

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Conciencia: (Preguntándole a algún hombre del público) Pero cómo entenderla si las mujeres son tan, pero tan complicadas, ¿Cierto?

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Juan Pablo Castel: Cómo quieres que te entienda si te pregunto algo que para mí es de vida o muerte. No me respondes y luego dices que te vas.

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María Iribarne: Te advertí que te haría mucho daño

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Juan Pablo Castel: Tal vez fue mi culpa (dice Juan Pablo con la voz quebrantada) (Momento de silencio, María y Juan Palo se miran profundamente y él la acaricia sutilmente)

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Conciencia: Mis sentimientos oscilan entre el amor más puro y el odio más desenfrenado hacia María, y es que sus actitudes son tan contradictorias e inexplicables. A veces siento que María representa la más sutil y atroz de las comedias y que yo entre sus manos soy un chiquillo ingenuo. A pesar de ello basta mirarnos para saber que estamos sintiendo lo mismo, pero cada día dudo más acerca de la naturaleza de su amor, y si algún día tengo la más mínima sospecha de que me engaña; (en tono amenazante) la mataré como a un perro Naturalmente me obsesiona la idea de pensar si María ¿Había querido a allende en alguna oportunidad? O tal vez ¿aún lo quiere? Y si no es así ¿Me quiere a mí? O ¿A Hunter? ¿O bien es posible que quiera a distintos seres de manera diferente? Pero también es posible que no quiera a nadie.

(María y Juan Pablo continúan con su conversación)

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Juan Pablo Castel: ¿Por qué te casaste con Allende?

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María Iribarne: Lo quería.

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Juan Pablo Castel: Entonces ahora no lo quieres

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María Iribarne: Haces siempre cuestiones de palabras y malinterpretas todo, hasta lo increíble, hay muchas maneras de amar y de querer. Te imaginarás que ahora no puedo seguir queriendo a Allende como hace años cuando nos casamos.

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Juan Pablo Castel: Bueno dejemos de lado esta contradicción. ¿Te acostas con él?

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María Iribarne: ¿Es necesario que responda esa pregunta?

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Juan Pablo Castel: Sí, mucho

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strong>Vendedor de helados: Lleve los ricos heladitos, hay de fresa, coco, limón, piña, chicle y ron con pasas, lleve los heladitos…

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Juan Pablo Castel: (Enojado) Hermano pero que, no hay más sitios para vender… (El vendedor se va, otra vez acercándose al público y ofreciéndoles helados a ellos)

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Juan pablo Castel: ¿En qué íbamos? Ah sí, ¿Te acuestas con ese ciego? Y por favor, nada de evadirme la respuesta.

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María Iribarne: (Duda un poco) Muy bien sí.

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Juan Pablo Castel: Entonces ¿Lo deseas?

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María Iribarne: He dicho que me acuesto con el no que lo desee

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Juan Pablo Castel: ¡Ah! ¡Eso quiere decir que lo haces sin desearlo pero haciéndole creer que lo deseas! Eso demuestra que eres capaz de engañarlo no sólo acerca de tus sentimientos sino hasta de tus sensaciones. Y Qué eres capaz de una imitación perfecta del placer.

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María Iribarne: (María empieza a llorar y por fin balbucea) Eres tan cruel.

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Conciencia: Esto me demuestra que si María ha sido capaz de engañar a su marido por años ¿por qué no habría de hacer lo mismo a mí también?

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Juan Pablo Castel: Una mujer que engaña al padre podría engañar a otro hombre. Y a mí nada me ha podido sacar de la cabeza este hecho: El que has estado engañando constantemente a Allende durante años. (Juan pablo dice cruelmente) Engañando a un ciego.

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Conciencia: A pesar de que estoy experimentando una perversa satisfacción al pronunciar estas palabras a María, ya me siento arrepentido con ganas de humillarme ante ella, de suplicarle perdón. ¡Cuántas veces esta maldita división de mi conciencia ha sido la culpable de hechos atroces! Mientras una parte me lleva a insultar a un humano, la otra se conduele con él; mientras una me hace ver la belleza del mundo, la otra me señala su fealdad y la ridiculez de todo sentimiento de felicidad.

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María Iribarne: (Se marcha sin pronunciar palabra, dejando a Juan Pablo solo y melancólico, pero se devuelve y le dice) Me iré a la finca, me gustaría que fueras en algún momento.

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Conciencia: Generalmente, esta es la sensación de estar solo en el mundo, aparece mezclada a un orgulloso sentimiento de superioridad: desprecio a los hombres, los veo sucios, feos, incapaces, ávidos, groseros, mezquinos. Mi soledad no me asusta es casi olímpica. Pero hoy me encuentro solo a causa de mis peores atributos, de mis bajas acciones. Hoy siento que el mundo es despreciable, y comprendo que hago parte de él y a fin de cuentas no soy mejor que los sucios monstruos que me rodean.

[Cierre de telón]

Quinta escena

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strong>Conciencia: Han pasado ya varios días y no sé nada de María. Recuerdo que me dijo que iría a la estancia, la finca esa… mmm… Creo que iré a visitarla. Llegare de sorpresa. Ah caramba y ahora ¿Qué flota me servirá para ese lugar? Siento que algunos instantes de nuestro amor se volverán a repetir, tal vez no en su totalidad pero algunos momentos de amor se volverán a reproducir, tengo un extraño optimismo. (Se abre el telón y aparece una escenografía de la Estancia, en ella Mimí y Hunter están tomando cerveza bajo un kiosco, de fondo y adelante se ve naturaleza. En una de las esquinas se pondrá un fondo del taller de Juan Pablo) (Juan Pablo llega perdido y buscando a María con la vista)

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Hunter: (Chiflando a Juan Pablo) Venga, venga hombre. Buenas tardes Juan Pablo, (Señala a una mujer flaca y al parecer detestable) ella es Mimí Allende.

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Mimí: Mucho gusto. (Dirigiéndose a un mesero invisible) Disculpe, ¿No hay algo más fino que esa porquería de Cerveza? ¿Tiene Margarita, Daiquirí, Martini? ¿No? Agh, que mal.

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Juan Pablo Castel: ¿Pero dónde diablos se habrá metido María? (susurrando) ¿Estará cambiándose?

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Hunter: María tuvo una indisposición y se ha acostado, pero creo que bajará pronto.

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Conciencia: ¡Maldición! con estas personas es necesario estar en constante guardia; además, necesito analizarlos muy bien; sus chistes, sus reacciones, sus sentimientos. Todo es de gran utilidad con respecto a María.

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Mimí: ¿Así que usted es pintor? (Lo mira con desdén)

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Juan Pablo Castel: Sí, señora (respondió con rabia)

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Hunter: Castel es un magnífico pintor.

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Mimí: ¿Qué pintores prefieres?

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Juan Pablo Castel: Van Gogh, El Greco.

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Mimí: A mí me disgusta la gente demasiado grandes (miró a Hunter), te diré que esos tipos como (pronunciando los nombres como si fuera experta en idiomas) Miguel Ángel o el Greco me molestan, ¡es tan agresiva la grandeza y el dramatismo! ¿No crees que es casi mala educación?, yo creo que el artista debería imponer el deber de no llamar jamás la atención. Me indignan los excesos de dramatismo y de originalidad. Fíjate que ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás, lo que me parece de gusto muy dudoso. Creo que si yo pintarse o escribiese haría cosas que no llamasen la atención en ningún momento.

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Hunter: Mimí, no te pongas tan pesada, estas incomodando a Castel (La escena se congela y Hunter le dice al público: Como si me importara)

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Mimí Allende: Por favor (en voz de súplica), no te pongas tan aburrido, Luisito. ¿Cuándo aprenderás a disimular tus conocimientos? Eres tan abrumador, tan épuisant … ¿no le parece Juan Pablo? (miró a Juan Pablo Castel)

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Juan Pablo Castel: Sí (respondió rápido)

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Hunter: (Lo mira con ironía) ¡Perdón!

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Conciencia: Estoy medio despistado y reflexiono en que esta gente es frívola, superficial. Gente así no puede producir en María más que un sentimiento de soledad. Gente así no puede ser rival. Estos dos no para de hablar ¿y María? ¿Dónde se metió?, claro que pensándolo bien María no está aquí para no tener que escuchar las estupideces de Hunter y Mimí.

(Juan Pablo, Hunter y Mimí empezaron a caminar por el parque y de repente se empezó a acercar María) - Conciencia: Esto confirma mi hipótesis, María estaba esperando justo este momento para acercarse a nosotros y evitar así la absurda conversación en la mesa. Entre ese ser maravilloso y yo hay un vínculo secreto, esta mujer ahora me es indispensable del mismo modo que cuando alguien se está muriendo de hambre acepta cualquier cosa, incondicionalmente, para luego, una vez que lo más urgente ha sido satisfecho quejarse crecientemente de sus defectos e inconvenientes.

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María Iribarne: Juan Pablo, ¿Trajiste los cuadros?

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Juan Pablo Castel: ¿Qué cuadros?

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María Iribarne: Los cuadros que prometió mostrarme (Asegura con tranquilidad), los cuadros del puerto.

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Juan Pablo Castel: Claro que los traje. Los tengo en el dormitorio.

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María Iribarne: Volvemos pronto (Lo dice dirigiéndose a Hunter y a Mimí)

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Conciencia: Los cuadros eran una excusa para poder estar a solas) (En la noche se sientan Juan Pablo y María en el kiosco donde estaban al inicio de la escena Juan Pablo con Hunter y Mimí, solo que aquí está de noche.)

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María Iribarne: Cuántas veces, soñé compartir contigo este cielo y estas estrellas. A veces me parece como si esta escena la hubiéramos vivido siempre juntos. Cuando vi aquella mujer solitaria de tu ventana, sentí que eras como yo y que también buscabas ciegamente a alguien, una especie de interlocutor mudo. Desde aquel día pensé constantemente en ti, te soñé muchas veces acá, en este mismo lugar donde he pasado tantas horas de mi vida. Y esperé que de algún modo fueras tú el que me buscara. Pero yo te ayudaba intensamente, te llamaba cada noche, y llegue a estar tan segura de encontrarte que cuando sucedió, al pie de aquel absurdo ascensor, quede paralizada de miedo y no pude decir nada más que una torpeza.

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Conciencia: ¡Que hermosa voz! ¡Qué dulzura!, Nunca más se repetirá este momento, nunca. Que fácil sería arrastrar a María conmigo en este abismo,

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María Iribarne: “Dios mío… Muchas cosas en esta eternidad que estamos juntos… cosas horribles… no sólo somos este paisaje, sino pequeños seres de carne y hueso, llenos de fealdad de insignificancia.”

(Después de un largo silencio María le acaricia el rostro a Juan Pablo cariñosamente y Juan Pablo la besa lentamente) -

Conciencia: Al día siguiente, decido volver a Bogotá, sin siquiera despedirme de María, y como era de esperarse, no aguanto estar ni un día sin saber de ella, así que le escribo cartas desesperadas, las cuales no respondió. (Juan Pablo se ubica dónde está el taller y llama a María quien está en la estancia)

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Juan Pablo Castel: ¡Aló! María necesito verte

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María Iribarne: No te despediste de mí. Para que quieres que nos veamos, lo único que lograremos, es lastimarnos cruelmente, una vez más.

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Juan Pablo Castel: Si no vienes me mataré

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María Iribarne: Piénsalo bien antes de tomar cualquier decisión. (Vacila un poco) Está bien, mañana me regreso a Bogotá. (Momento de silencio, el telón se va cerrando)

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Conciencia: me dejo plantado… María me dejo plantado… tanta colonia que me puse, la corbata de puntos verdes y nada sirvió. Me dejo así. [Cierre de telón]

Sexta escena

(Es de noche, Juan Pablo está en la calle cerca de la casa de María con la esperanza de que ella se asome a la ventana. Nada de esto sucede y Juan Pablo se dirige a un burdel, en el hay varias mesas y personas bailando y bebiendo licor. Hay una habitación en una de las esquinas)

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Juan Pablo Castel: (Borracho, llama a una prostituta que se encuentra cerca de su mesa) Venga usted, siéntese aquí. (Señalando sus piernas)

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Prostituta: (Se acerca y se sienta en las piernas de Juan Pablo)

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Juan Pablo Castel: ¿Cierto que yo soy lindo?, ¿Soy qué pinta no? Entonces ¿Por qué María no me toma en serio? María, María, María, María, María, María… María es tan linda… es divina. Tómese un par de tragos conmigo.

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Prostituta: (Acariciando a Juan Pablo) Mi vida pero deja de hablar de esa fulana, mírame, me tienes acá, en tus piernas y dispuesta a complacerte en todo.

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Juan Pablo Castel: (Mira detenidamente a la prostituta) Si mamacita, es verdad, mejor vámonos a un sitio donde estemos más a gusto y solitos.

(Juan Pablo alza a la prostituta y la lleva hasta la habitación)

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Juan Pablo Castel: Mami báileme, bien rico, bien sexy. (La prostituta empieza a bailar sensualmente ante Juan Pablo, y lo tira a la cama, se le sube encima y empieza a quitarle la camisa)

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Conciencia: ¿Qué hago con esta mujer, me recuerda tanto a María con su capacidad de engañar y de fingir el placer?

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Juan Pablo Castel: (Juan Pablo da un salto y quita bruscamente a la mujer que se encuentra semidesnuda y la grita) Puta, eres una puta. Eres igualita a María. Puta, puta.

-

Prostituta: (Le muerde el brazo a Juan Pablo, mientras él le tira unos billetes a la mujer y sale desorientado del lugar)

-

Conciencia: ¡Claro, es igualita a María! María y la prostituta han tenido una expresión semejante; la prostituta simulaba placer; María, pues, simulaba placer; ¡María es una prostituta carajo!

[Cierre de telón] Tercer acto Séptima escena

(Escenografía del Parque Nacional pero con otras bancas. Hay un teléfono público. Juan Pablo se sienta allí con Lartigue)

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Conciencia: Decido citar en el Parque Centenario a Lartigue un amigo de Hunter, le digo que tengo que verlo urgentemente y el acepta, a los pocos minutos está en el parque y lo abordo con preguntas muy concretas.

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Juan Pablo Castel: ¿Hace cuánto que María es amante de Hunter?

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Lartigue: De eso no sé nada. Más bien tomémonos alguito.

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Juan Pablo Castel: Veo. Que gentil es usted Lartigue.

(Lartigue se va y Juan Pablo ve un teléfono público, del cual decide llamar enseguida a María quien ya se encuentra en Bogotá pero no aparece en escena, solo se escucha su voz)

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Juan Pablo Castel: ¡Aló! Tengo que verte enseguida, en el parque.

-

María Iribarne: ¿Para qué? No veo que saldremos ganando (Lo dice tristemente)

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Juan Pablo Castel: Muchas cosas.

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María Iribarne: Yo creo que solo lograremos hacernos un poco más de daño, destruir un poco más el puente que nos comunica, herirnos con mayor crueldad… He venido porque lo has pedido tanto pero debí quedarme en la finca. Hunter está enfermo.

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Juan Pablo Castel: Y a mí que me importa que este enfermo, necesito verte. Quedamos, pues en vernos a las 5 en punto y no se discute.(Tira el teléfono)

(Juan Pablo espera moviéndose de un lado para otro) - <

strong>Conciencia: ¿Destruir todo lo que queda de nuestro amor? Tal vez es posible echar a un lado estas dudas que me torturan día tras día. ¿Qué me importa lo que es María fuera de nosotros? Creo que no podre resignarme a perder su apoyo.

(Juan Pablo al ver que María aún no llega decide llamar a su casa nuevamente)

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Juan Pablo Castel: Buenas tardes, se encuentra María.

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Mucama: Eh, pero que vaina con sumerce, no moleste tanto….

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Juan Pablo Castel: y usted que entrometida es… María esta ¿Sí o no?

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Mucama: Pues vera vuste, yo lamento decirle esto pero la patrona regreso repentinamente a la estancia, la finca… ¿Si sabe sumerce donde es?

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Juan Pablo Castel: ¡Pero si habíamos quedado en vernos a las cinco! (Lo dice gritando)

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Mucama: ¡Ve este! Vea so gediondo, no me grite porque vuste no sabe cómo es una con la piedra afuera. Además yo no sé nada. La patrona pidió que le alistara sus maletas, salió hace un rato y dijo que se quedaría allá una semana. Sumerce si es como bien intenso ¿No? (Juan Pablo desconsolado toma una flota que va pasando y llega a la estancia a eso de las 10 de la noche y se ocultó en un entre unos árboles para vigilar a María y a Hunter, tiene un cuchillo en la mano)

[Cierre de telón]

Octava escena (Nuevamente en la Estancia, se ve el kiosco y de fondo una cabaña)

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Conciencia: No sé cuánto ha pasado en el tiempo universal de los relojes que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Y veo a María y a mí mirándonos frente a frente contemplándonos estáticamente. Es como si ambos estuviéramos viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que vamos el uno al lado del otro, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí. Hoy todo se derrumba, siento que al fin y al cabo el único túnel existente es el mío, oscuro y solitario: el túnel en el que he trascurrido, mi infancia, mi juventud, toda mi vida. (Empieza a llover, entonces Hunter y María entran corriendo a la casa, pero solo se encendió la luz de una habitación, la de Hunter lo que hizo devastar a Juan Pablo y a perder todas las esperanzas con respecto a María. Pasadas unas horas por fin se encendió la luz en otro dormitorio)

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Juan Pablo Castel: (Juan Pablo lleno de ira, va hasta la habitación de María y antes de entrar empuña un cuchillo y abre lentamente la puerta)

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María Iribarne: (María mira hacia la puerta con ojos alucinados) ¿Juan Pablo?

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Juan Pablo Castel: (Juan Pablo está de pie en la puerta y se acerca a María)

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strong>María Iribarne: (María dice tristemente) ¿Qué vas a hacer Juan Pablo?

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Juan Pablo Castel: (Juan Pablo pone su mano izquierda en el cabello de María) Tengo que matarte María, me has dejado solo, me engañaste todo este tiempo. (Juan Pablo llorando le clava a María el cuchillo en el pecho.

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María Iribarne: (María aprieta la mandíbula y cierra los ojos, luego con esfuerzo los abre nuevamente y mira humildemente a Juan Pablo)

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Juan Pablo Castel: No me mires así por favor, (La mirada de María fortalece a Juan Pablo para clavar el cuchillo un par de veces más en el vientre y pecho de María) A pesar de todo, te amaba María. (Juan Pablo llama de un teléfono que hay en la habitación de María a casa de ella y contesta la mucama)

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Mucama: ¡Aló! Acá con yo y allá ¿Con quien?

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Juan Pablo Castel: (Gritando) Páseme a Allende.

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Mucama: Cuidado pide el favor. Este so gerostico como que no tuvo quien le enseñara modales ¿No?

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Juan Pablo Castel: (Gritando) Que me pase a Allende

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Mucama: ¡Eh! Ahí le llamo al patrón y vaya a gritar a sus patas. Ve este indio mugre. (Gritando) Patroooonnnn, al teléfono. (Allende pasa al teléfono y la mucama se queda ahí al ladito)

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Juan Pablo Castel: (Gritando) ¡Estoy en la estancia! ¡María era la amante de Hunter!

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Allende: ¡Imbécil! (Lo dice incrédulamente)

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Juan Pablo Castel: ¡Usted es el imbécil! ¡María era también mi amante y la de muchos otros! ¡Sí! Yo lo engañaba a usted y ella nos engañaba a todos. ¡Pero ahora no podrá engañar a nadie! ¿Comprende? ¡A nadie! ¡Yo la mate!

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Allende: ¡Insensato!

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Mucama: Ay Cristo divino, Virgencita, ¿Qué pasó patroncito? (Allende llora, grita y finalmente tira el teléfono)

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Conciencia: (Mientras se va cerrando el telón) Vengo a entregarme oficiales, yo la mate

[Cierre de telón] Novena escena

(Juan Pablo se encuentra encerrado en una celda y mira al infinito como buscando una salida) - Conciencia: En estos meses de encierro he intentado muchas veces razonar la última palabra del ciego, la palabra insensato. Un cansancio muy grande, o quizá oscuro instinto, me lo impide reiteradamente. Algún día tal vez logre hacerlo y entonces analizaré también los motivos que pudo haber tenido Allende para suicidarse. Al menos puedo pintar, aunque sospecho que los médicos se ríen a mis espaldas, sólo existía un ser que entendía mi pintura. Mientras tanto, estos cuadros deben de confirmarlos cada vez más en su estúpido punto de vista. Y los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos.

Fri Aug 30 11:39:15 +0000 2019

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